Casares de Arbas – Un viaje a los antepasados


Nos habíamos prometido llegar a Casares de Arbás tras la huella de parte de nuestros antepasados.

Allí vivieron bisabuelos y abuelos, antes de emigrar a Argentina y siempre soñamos con volver a las raíces y pisar la tierra de los nuestros (que completamos al visitar Galicia).

Después de unos días en Gijón y con rumbo a León, tomamos la ruta AS-1 y luego la AP-66. 

A medida que avanzábamos, el camino se fue haciendo de montaña y los picos nevados en el horizonte nos fueron acompañando en el trayecto.

 

En ruta. Los poblados son pequeños a la vera del camino. Y algunos en invierno son centros de sky

 

Atravesamos Lena, Las Campas y Villanueva de la Tercia, por la cordillera cantábrica. 

 

Es habitual cruzarse con algunos pastores en el camino. Nos alegró verlos en San Martín de la Tercia!

 

Hacia el final del trayecto, el camino seria de tierra. 

 

Maravilloso entorno de montaña.

 

La vida allí se percibe sencilla y una vez que cruzamos la comarca seguimos el ascenso hasta Casares de Arbás.

Llegamos al mediodía y nuestra parada fue la Parroquia de Arbás, en el centro del poblado.

 

Parroquia de Casares de Arbás

 

Salimos a caminar entre las casas a la búsqueda de información, pero el poblado estaba vacío a esa hora.

 

Tienen un museo de Cultura antigua donde se transmite la historia y costumbres. Aunque no esta siempre abierto, por lo que sugerimos consultar previamente.

 

Las casas son blasonadas y de piedra, en un entorno en que la naturaleza predomina, y muy diferente a las grandes ciudades.

 

La mayoría de las casas son de piedra. Y de algunas quedan sus vestigios

 

Las calles y algunas casas llevan el apellido de sus antiguos moradores y nos alegró encontrar uno de nuestros apellidos en una de ellas.

Si bien no pudimos certificar que allí habían vivido nuestros bisabuelos, dejamos volar la imaginación y creímos que así había sido.

 

Casas de piedra

 

Una casa de techos a dos aguas… ventanas pequeñas; tal vez para no dejar pasar el frío del invierno.

Y piedra. Toda de piedra.

Los vestigios de tierra en su puerta nos dio a pensar que hacia mucho que nadie la habitaba.

Mas tarde averiguaríamos que de la parte de la familia que no emigraron (primos y tíos) ya no quedaba nadie; que se habían marchado a Villamanin varios años atrás.

Uno de los habitantes del poblado con el que nos cruzamos, nos contó que actualmente no viven mas de 10 familias durante todo el año, aunque en temporada en invierno o vacaciones, algunas de las casas se abren para recibir viajeros o antiguos moradores.

 

De compras en la proveeduria ambulante

 

Allí no hay mercados, por lo que reciben el abastecimiento en camionetas desde Villamanin, que van 1 o 2 veces por semana a entregar los productos que sus moradores necesitan. 

Para los amantes del trekking, desde allí se puede iniciar la Ruta del Valle de Arbás, de unos 13 km , pasando por el pico ¨Las tres Marías¨, Collada de Gistreo, Viadangos de Arbás, la Peña Muerca, la Fuente del Turrón y la Sierra de las Cangas, en un entorno natural especial y poco transitado.

Muy cerca de Casares se puede divisar el pantano, una zona que fue inundada para beneficio de las tierras.

Sin embargo nos han contado que esto ha traído problemas a los habitantes de Arbás y con el tiempo se ha perdido la costumbre de la crianza de ganado, una de las mayores actividades junto con la de la explotación de la minería.

En invierno el clima debe ser difícil para vivir ya que nos han contado que hay nieve en grandes cantidades y suele haber hielo en la carretera.

Pero por otro lado, según nos han dicho,  la zona suele ser bastante visitada justamente por la posibilidad de aislarse de las grandes ciudades, disfrutando de la naturaleza bajo cero. 

Hemos leído en diarios de la zona que algunos habitantes dicen que la nieve se fabrica en Casares de Arbás!!.

Así que nos imaginamos lo fuerte y hostiles que son los inviernos.

 

Vista del valle y el pantano

 

La mayoría de sus habitantes eran pastores nómades y nos hubiera gustado conocer mas sobre su pasado y costumbres. Supimos que aun quedan algunos en la zona y se auto-abastecen con la carne que producen de sus animales.

El entorno nos resultó hermoso, bravío pero muy cordial, como los pocos moradores que vimos y con los que pudimos entablar una charla.

Sin dudas, visitar Casares de Arbás nos ha dado una idea de nuestros antepasados, conectándonos con nuestros orígenes y una tierra de la que tantas veces escuchamos en la mesa familiar.

 

 

Posiblemente no es un destino convencional, pero creemos sin embargo; que vale la pena hacer este tipo de viajes para construir el mapa familiar y comprender mejor quienes somos.

 

Y  Uds, harían uno de estos viajes?

 

 

 

 

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